Un Movimiento Global para el Fin del Hambre y la Pobreza

  • Responsabilidad global, alianzas e inversión: Un infante con hambre no es un etíope, un bangladeshi o un mexicano, es un ser humano. Cada uno de nosotros es disminuido por el hambre y cada uno de nosotros puede tomar responsabilidad para terminar con ella: si somos personas de las comunidades, al encontrar el valor para mandar a nuestras hijas a la escuela; si vivimos en el mundo desarrollado, al invertir nuestros recursos económicos en un nivel que exprese una verdadera y auténtica alianza.
  • Un movimiento no una organización: THP no se puede considerar nunca simplemente una organización. Debe de concebirse como un movimiento, una campaña de individuos y organizaciones comprometidas a tomar acción estratégica para movilizar el desarrollo autodeterminado y transformar el ambiente de políticas públicas en todos los niveles, de tal manera que las personas puedan lograr el éxito.
  • Replicar la metodología de empoderamiento, no la solución: Uno de los fracasos del desarrollo ha sido la creencia de que la forma de terminar con el hambre es encontrar una solución factible y replicarla. La fuente del éxito es la creatividad del ser humano que llevó a la solución, no la solución en sí misma. Terminar con el hambre se logra al extender el proceso de empoderamiento de los seres humanos, no al encontrar un modelo de desarrollo que funcione y replicarlo.
  • Un Frente Común: En cada comunidad donde persiste el hambre, los seres humanos deben ser empoderados para descubrir su propia visión, expresar su propio liderazgo, crear sus propias soluciones y trabajar juntos en lograr su propio éxito. En todos los niveles de la sociedad, el compromiso de los servidores públicos, investigadores, periodistas, empresarios y ciudadanos activos debe ser movilizado en un frente común, transformando políticas y estructuras para que la gente tenga la oportunidad de vivir vidas saludables y productivas.
  • Ser un catalizador en el movimiento mundial para terminar con el hambre y la pobreza extrema es tal vez la más grande oportunidad de esta generación: Desde esta perspectiva, uno descubre que terminar con el hambre no es fundamentalmente un problema a resolver, sino una profunda oportunidad para desencadenar el espíritu humano.