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Día Internacional de las Mujeres Indígenas

El 5 de septiembre de 1983, se celebró el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, en Tiahuanaco (Bolivia). Ahí se definió establecer la conmemoración del Día Internacional de las #MujeresIndígenas. ¿Por qué es relevante visibilizar las condiciones que experimentan las mujeres indígenas de manera cotidiana? ¿Qué pasa cuando su identidad se cruza con la ruralidad?

Alrededor del mundo, las mujeres indígenas están liderando los esfuerzos para preservar sus culturas y tradiciones, y así crear conciencia sobre sus derechos humanos, y cómo garantizarlos al interior de sus propias comunidades. A pesar de ello, son ellas quienes padecen desigualdades de género, tanto en la sociedad en general como en sus propias comunidades. En consecuencia, son ellas quienes experimentan una calidad de vida aún más baja que los hombres indígenas.

El papel fundamental que desempeñan los pueblos indígenas, y especialmente las mujeres indígenas, sigue siendo un aspecto invisible o negado de forma constante, a pesar que existe evidencia para contrarrestarlo. Un ejemplo muy claro son los sistemas alimentarios indígenas de autoconsumo, y el hecho de que tengan medios de producción propios. Si cruzamos estas condiciones con la ruralidad, tenemos los siguientes datos:

Las mujeres indígenas juegan un papel importante en la preservación de la biodiversidad, a través de la conservación de las semillas, en la recuperación de prácticas agroecológicas que garantizan la soberanía y seguridad alimentaria. Las mujeres rurales producen poco más del 50% de los alimentos y representan el 43% de la mano de obra en el campo (ONU Mujeres, 2018). Esta producción tiende a basarse en alimentos sanos, muchas veces a contracorriente de políticas y acciones mayoritarias que proponen otro tipo de prácticas alimentarias.

Esta dinámica, sin embargo, no es suficiente reconocida ni valorada, pues son las mujeres quienes reciben un menor -o nulo- salario respecto de los hombres (FAO, 2020).

En contextos rurales, se detectan brechas en el ejercicio del derecho de acceso a la tierra por parte de las mujeres (FAO, 2017), que comprende el acceso a los recursos naturales y de infraestructura necesarios para poder vivir y trabajar en ella (por ejemplo, el acceso al agua en cantidad y calidad suficiente). Esto se agrava cuando identificamos que la mayor parte de esta población, además, es indígena y vive situaciones de discriminación y marginación adicionales. 

Estas condiciones contribuyen a perpetuar situaciones de marginación, pobreza, desigualdad y hambre de hombres y mujeres rurales e indígenas. Y en la visibilización de las dinámicas de poder al interior de esa población, las mujeres son quienes enfrentan mayores dificultades.

De acuerdo con los datos arrojados por el Censo del 2020, se calcula que la población indígena asciende a 7,364,645, de los cuáles el 51.4% son mujeres. Para THP-México, salvaguardar la integridad de las mujeres indígenas y rurales, es una prioridad. Es por ello que aprovechamos esta conmemoración para visibilizar la necesidad de que los derechos de las mujeres indígenas sean garantizados y respetados.

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