“Protegerse frente a la desaceleración y el debilitamiento de la economía”

Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, 2019 (SOFI 2019)

El 15 de julio la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) presentó el informe más relevante a nivel mundial sobre salud y seguridad alimentaria: el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo (SOFI 2019). Este año tiene como tema “Protegerse frente a la desaceleración y el debilitamiento de la economía”.

Siendo un tema central para The Hunger Project México, te compartimos algunos de los datos más relevantes del informe, que muestra una tendencia lenta pero sostenida hacia el aumento en el número de personas que experimentan hambre y malnutrición.

Hasta el 2015, la tendencia del hambre en el mundo, considerada desde la prevalencia de la subnutrición, se había mantenido a la baja. Desde ese año, hemos experimentado un aumento en el hambre en el mundo; en 2018, 820 millones de personas en el mundo siguen experimentando hambre. En el caso de América Latina y el Caribe, el número de personas afectadas asciende a 42.5 millones en 2018, que equivale al 6.5% de la población de la región. En donde ha aumentado de manera más evidente la prevalencia de subalimentación es en África. También es importante señalar que existe una ligera diferencia de género, pues las mujeres tienen mayor riesgo de estar en una situación de inseguridad alimentaria respecto a los hombres

Este panorama muestra la complejidad de la meta de #HambreCero que está establecida en el ODS 2. Por ello, en este informe se suma una medición específica  para la Meta 2.1 de los ODS: la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave según la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES). Esto permite identificar no sólo el hambre desde la falta plena de alimentos, sino también cuando las personas deben consumir una cantidad menor, por no tener seguridad respecto al acceso pleno.

De acuerdo con el Informe, se estima que más de 2,000 millones carecen de acceso a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes; es decir, que experimenta algún grado de inseguridad alimentaria moderada o grave. Esta cifra incluye al 8% de la población de América septentrional y Europa.

En la dimensión de desnutrición, se estima que existen 149 millones de niñas y niños con retraso en el crecimiento, por no haber recibido suficientes nutrientes durante la etapa de gestación y en los primeros 1,000 días de vida. En contraste, la malnutrición complejiza las discusiones para alcanzar un ejercicio pleno del derecho a la alimentación: existe un aumento en el sobrepeso y la obesidad en prácticamente todo el mundo. Los principales afectados son infantes en edad escolar y personas adultas; 40 millones de niñas y niños menores de 5 años padecen sobrepeso. En personas adultas, por cada una que sufre hambre, hay seis que tienen sobrepeso; esto representa una presión potencial a los esquemas de salud, por las enfermedad asociadas a estas problemáticas, lo que limita también el alcance del derecho a la salud. 

A estos hecho debemos sumarle conflictos armados y la variabilidad y los fenómenos extremos del clima, que también afectan la seguridad alimentaria y nutricional de poblaciones con mayor grado de vulnerabilidad.

En cuanto al tema específico de este año, el SOFI 2019 retoma la recuperación económica desigual y los bajos índices de crecimiento en diversos países, después de la crisis económica de 2008-2009. “Los episodios de dificultades financieras, el incremento de las tensiones comerciales y las condiciones financieras más restrictivas están contribuyendo a que las perspectivas económicas mundiales sean inciertas.” Esta es una dimensión necesaria de tomar en cuenta para enfrentar el problema del hambre. 

De acuerdo con el Informe, “La desigualdad de ingresos aumenta la probabilidad de sufrir inseguridad alimentaria grave, y este efecto es un 20% mayor en el caso de países de ingresos bajos frente a países de ingresos medianos. Las desigualdades de ingresos y riqueza también guardan estrecha relación con la desnutrición, en tanto que la obesidad se asocia con modelos de desigualdad más complejos.”

Es por esta razón que el Informe resalta la necesidad de contar con políticas económicas y sociales que “combatan los efectos de los ciclos económicos adversos cuando estos llegan, evitando al mismo tiempo a toda costa los recortes en servicios esenciales como la asistencia sanitaria y la educación.” Además, consideramos necesario llevar más allá la mirada, pues debemos  garantizar políticas que se enfoquen en las causas que dan origen a la inseguridad alimentaria, y esto sólo será posible si transformamos los modelos de gobernanza, en los que  las comunidades sean las que lideren su propio desarrollo, establezcan relaciones diferentes con sus gobiernos locales y otros actores como sociedad civil, academia, sector privado. Además, es necesario garantizar que los alimentos dejen de ser vistos como commodities, lo que aumenta su vinculación con la volatilidad de los mercados, y que sean más bien vistos como satisfactores de un derecho humano, que tenga un efecto en la relación que existe entre las personas y los alimentos. 

Este informe de la FAO constituye la fuente más importante de información respecto a la situación alimentaria en el mundo. Frente a las metas definidas hacia el 2030, vemos que aún queda mucho por hacer en el camino hacia que todas las personas tengan garantizado su derecho a la alimentación. En THP-México, continuaremos trabajando para evidenciar que el hambre no se debe únicamente a la falta de alimentos, sino a la falta de democracia, donde las mujeres son las agentes clave para lograr un México rural sin hambre ni pobreza.