Día Mundial contra el Hambre

  • El hambre no es por falta de alimentos, se vincula a la falta de democracia.
  • Comunidades autosuficientes como estrategia para lograr el #HambreCero.
  • Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible, como establece el ODS 2 de las Naciones Unidas.

¡Hoy 28 de mayo de 2019, celebremos el 9º Día Mundial contra el Hambre! Te invitamos a sumarte y reflexionar sobre la situación en la que viven 821 millones de personas que padecen hambre crónica en todo el mundo. El Día Mundial contra el Hambre es un momento para resaltar la necesidad crítica de contar con soluciones sostenibles para erradicar el hambre y la pobreza, e inspirarnos para ser parte de la solución.

En THP-México trabajamos con el componente humano del hambre. Trabajamos con el poder, mentalidad y espíritu de las personas viviendo en situación de hambre y pobreza, por considerar que son la entrada más estratégica y poderosa para detonar cambios positivos y sostenibles. Así, identificamos las causas estructurales que dan origen y persistencia al hambre, para luego abordarlas desde la perspectiva de quienes la padecen. Por ello, trabajamos por alcanzar comunidades autosuficientes, es decir, comunidades que son resilientes, que están organizadas y tienen una visión compartida, liderazgo transformativo e igualdad, que se manifiestan en calidad de vida, ciudadanía activa, economía vibrante y solidaria y gobernanza.

El hambre no existe por falta de alimentos. El origen es mucho más profundo y se vincula con la falta de democracia (Francis Moore-Lappé, 1991). El hambre y la pobreza están intrínsecamente ligados a otras problemáticas, que incluyen los derechos de las mujeres y las niñas, oportunidades de ingresos, salud, educación, justicia social, medio ambiente y el cambio climático.

Otra dimensión clave de considerar en la sostenibilidad de las soluciones para terminar con el hambre es el manejo sostenible de los recursos naturales. El crecimiento económico y el desarrollo de infraestructura, de manera aislada, no solucionarán las desigualdades que dan origen y persistencia al hambre. Para ello, se requiere de una vinculación diferente entre las personas y su entorno, que no se base en relaciones de explotación y depredación, que están transformando las condiciones climáticas del mundo.

Los cambios en el clima también tienen un gran impacto en la nutrición, pues provocan alteraciones en la calidad de los nutrientes y la diversidad dietética de los alimentos producidos y consumidos; también tiene efectos sobre el agua y el saneamiento, con los efectos que esto tiene en los patrones de riesgos para la salud y las enfermedades; además de provocar cambios en el cuidado materno infantil y la lactancia materna.

El fin del hambre y la pobreza será posible siempre y cuando las soluciones sean lideradas por las comunidades, por y para las personas que viven en situación de hambre crónica, empoderadas como agentes de su propio desarrollo que trabajan para lograr un cambio sistémico duradero y sostenible.