A un año de los sismos… el Manifiesto por una reconstrucción liderada por las comunidades con perspectiva de género.

Diana Delgadillo Ramírez 

The Hunger Project México

Integrante del Movimiento para el Desarrollo Liderado por Comunidades con Perspectiva de Género

En 2017 México sufrió las consecuencias de tres terremotos ocurridos el 7, 19 y 23 de septiembre, tuvieron consecuencias graves en diversas comunidades de los estados de Morelos, Guerrero, Chiapas, Estado de México, Puebla y Ciudad de México.

Las manifestaciones espontáneas de apoyo hacia quienes resultaron más afectados eran una constante. Conforme fueron pasando las horas y los días, fue necesario comenzar a fortalecer los procesos de organización, que en muchos casos, se dieron por medio de redes y caminos ya trabajados por muchas organizaciones de la sociedad civil.

En ese contexto, en The Hunger Project México comenzamos a preguntarnos, ¿qué hace falta? En el momento de la emergencia, ¡todo! Pero también nos dimos cuenta que las dinámicas de organización que se estaban dando, que los recursos que se concentraron en centros de acopio y hasta las brigadas que apoyaron en las zonas de derrumbes, debían tener algunos principios básicos para operar. 

Colecta cruz roja

Fue así como hicimos un llamado a la sociedad civil, al sector privado y al gobierno a trabajar en conjunto por una reconstrucción que fuera estratégica, coordinada y con perspectiva de género, pero principalmente, liderada por las propias comunidades que resultaron afectadas.

 

Así, lanzamos el Manifiesto por una reconstrucción liderada por las comunidades con perspectiva de género que:

  1. Garantice la dignidad humana y los derechos humanos en las comunidades afectadas.
  2. Que se considere y vea a las personas afectadas como los principales actores en el proceso y no como beneficiarios pasivos de la ayuda.  
  3. Responda a la necesidad y cosmovisión de cada comunidad afectada fortaleciendo la cohesión comunitaria y el tejido social, así como promoviendo el enfoque multicultural.
  4. Priorice el liderazgo y la participación de las mujeres, juventudes y la infancia.
  5. Sea integral y sostenible, que reconozca y combata las brechas de desigualdad existentes a través del fortalecimiento de la autosuficiencia y resiliencia de las comunidades.
  6. Reconozca la experiencia de las organizaciones de la sociedad civil, particularmente de las organizaciones de base, así como redes de colaboración con las comunidades.

Pero, ¿por qué fueron y son pertinentes cada uno en el marco de la reconstrucción? Queremos compartir nuestras reflexiones en el primer aniversario de los terremotos del año pasado.

Para THP-México fue relevante poner en el centro la dignidad humana y los derechos humanos, sí como base para garantizar el derecho a una vivienda digna y el derecho a la ciudad (y agregaremos, a la vida comunitaria). Pero también porque esto implica respetar y salvaguardar las formas de habitar, de organizarse, además de respetar la identidad y la interculturalidad que está presente en la vida comunitaria.

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Estas mismas condiciones tendrían que haber sido tomadas en cuenta para el diseño de las políticas y programas de reconstrucción. Sin embargo, el reconocimiento de la ciudadanía como el protagonista de su definición de bienestar, fue limitado, si no es que nulo. Estas intervenciones, en muchos casos, provocaron que se perpetuara la idea de que al recibir el apoyo, no podían opinar sobre la forma como sería reconstruida su vivienda o los materiales que se ocuparían, también por miedo a perder los apoyos. Las personas afectadas no son beneficiarios pasivos, son quienes conocen sus dinámicas locales y por lo tanto, la forma como la reconstrucción tendría que ser hecha. Lo que en realidad ocurrió fue que las decisiones fueron tomadas de forma externa a ellas y ellos.

En este proceso de reconstrucción además, hubo un sesgo hacia privilegiar las viviendas pero vistas de una perspectiva unidimensional, sin tomar en cuenta el entorno. Había un sólo plan de construir, una tipología de vivienda con determinados materiales, que no tomaban en cuenta las dinámicas organizativas ni los materiales locales y su relación con el medio ambiente. Además, los procesos establecidos por las autoridades, provocaron dificultades al interior de las propias familias, por verse beneficiados de los apoyos. Es decir, que la forma como se planteó el apoyo mismo, rompió dinámicas sociales y familiares.

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Como parte de nuestro Manifiesto, vimos a las mujeres, las juventudes y la niñez como centrales en la reconstrucción. En este caso, identificamos que las mujeres fueron mayoritariamente quienes tomaron roles de liderazgo pues vieron trastocadas las  dinámicas diarias, entre ellas al enfrentar pérdidas de espacios educativos. Las mujeres no se esperaron, se movilizaron , y fomentaron procesos de reconstrucción. Ellas reconfiguraron su dinámica para incluir la reconstrucción en sus actividades cotidianas y continuaron con la educación de sus hijas e hijos. Muchas personas jóvenes que se involucraron en los primeros momentos de la emergencia y se hicieron cargo de algunas actividades comunitarias a través del arte y la cultura. Hoy ese liderazgo despertado en las y los jóvenes no ha sido catalizadores para darle continuidad y fortalecer otros procesos de aprendizajes y formación. Hoy no han sido reconocidos ni tenido un rol específico en el proceso. Es decir, al igual que la infancia, no han sido tomados en cuenta en el proceso de diseñar la reconstrucción,

Otro tema relevante estaba en la autosuficiencia y la resiliencia de las comunidades. En este punto, hemos visto cómo muchas comunidades que no han logrado una recuperación total posterior a los sismos, se han adaptado a las nuevas circunstancias, reconociendo  el grado de riesgo en el que vivimos por estar en zonas sísmicas. Este punto, sumamente relevante, quizá no ha podido ser tan profundizado por las organizaciones de sociedad civil. Resaltar que las y los afectados hoy han desarrollado de manera fortuita capacidades de resiliencia, sin saberse que lo han hecho. Niñas y niños que este ciclo escolar tuvieron cambios e comportamientos expresados en sus evaluaciones de fin de curso. La autosuficiencia en muchos o mejores de los casos se ha promovido la co-creación de las soluciones, sin embargo en muchos de los otros la promesa de casa de “llave en mano” ha roto con posibilidades de propiciar la condiciones de autodeterminación y autosuficiencia.

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Por último, reconocemos y valoramos el rol que muchas OSC tuvieron y tienen en el proceso, al haber aportado su experiencia en desarrollo comunitario. Esto les permitió tejer o fortalecer procesos dentro de las comunidades. Sin embargo, la premura del gobierno por implantar la política de reconstrucción desmotivo a muchas organizaciones y ciudadanos que estaban participando de procesos que respetaban la voluntad de las personas afectadas. Para las que se mantuvieron, ha permitido que aprendan ahora en un contexto post-emergencia luego de un  fenómeno natural con consecuencia sociales tan complejas como lo que vivimos hace un año. En otros casos, la frustración que generó el haber perdido procesos organizativos por privilegiar la reconstrucción como objeto, provocó que muchas dinámicas quedaran inconclusas.

A un año de los terremotos, vemos claramente que nuestro centro no debe estar en el objeto, sino en el proceso. Reconocemos la necesidad de garantizar viviendas dignas y seguras, pero también debemos aprovechar la oportunidad de incidir en la reconstrucción social después de un fenómeno natural. Particularmente, asegurarnos de escuchar las voces de quienes están viviendo de primera mano sus efectos.

La reconstrucción continúa y falta mucho por hacer. Si estás interesada o interesado en conocer más o participar,  no dudes en acercarte cualquiera de las organizaciones civiles que hoy apuestan por una reconstrucción integral.


EL MDLCPG  está conformado por 16 Organizaciones quienes compartimos y sumamos experiencias; buscando propiciar la participación comunitaria en las políticas públicas y en la implementación de la Agenda 2030. (Acción Ciudadana Frente a la pobreza, ACCIONA, América Solidaria, CCIS, CEMEFI, Consejo Ciudadano del Estado de Morelos, El Ángel Catatonia, Fondo de Lucha por la Democracia, Fondo para la Paz, Fundación Don Bosco, Fundación Tarahumara, HPHM, SEPIJC, TECHO, Telar Socia Mexicol, THP-México).