Día Mundial del Saneamiento

Saneamiento construido por las comunidades combate defecación al aire libre

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Baño ecológico construido en la comunidad de Pukté, San Luis Potosí, como parte de un proceso participativo de construcción comunitaria este año.

Cerca del camino de tierra que da acceso a Pukté, una comunidad rural del municipio de Tampamolón Corona, en el estado de San Luis Potosí, luce una caseta de cemento con cinco escalones en la hierba, con vista para el arroyo. La caseta es un baño abandonado, y el arroyo está seco.

“Nos trajeron ese baño para la comunidad; lo construyeron como parte de un programa social pero la gente nunca lo utilizó,” comentó una mujer que vive en la comunidad, a unos metros de la caseta. “El problema es cómo deshacerse de los desechos. Empezó a llenarse y después no había cómo limpiarlo, además los excrementos estaban muy cerca del arroyo que es una de las fuentes de agua que tenemos,” explicó la mujer. “Nunca nos preguntaron si lo queríamos,” observó, diciendo que además hay muchas personas ancianas que no pueden subir los escalones. El agua del arroyo es utilizada para la higiene personal y para cocinar, lo que deja entrever el ciclo de problemas de la falta de baños adecuados.

Años dedicados a la instalación de infraestructura y subsidios que no responden a las necesidades de comunidades rurales, (muchas de ellas sin suministro de agua) resultaron en zonas rurales repletas de baños abandonados – ya sea por falta de conocimiento o por costumbre – y millones de pesos arrojados por el desagüe. Pero hay soluciones comunitarias participativas que están avanzando en el combate a la defecación al aire libre e impactando positivamente la nutrición y la salud de centenas de personas en las zonas rurales.

Casi 10 millones de personas defecan al aire libre en México

El Día Mundial del Saneamiento señalado por las Naciones Unidas (ONU) el 19 de noviembre sirve para recordar que una de cada diez personas en el mundo defeca al aire libre, generando consecuencias trágicas en la salud, la nutrición, la dignidad y la seguridad humanas. Nueve de cada 10 de estas personas viven en zonas rurales.

El 'antes' y 'después' de los baños en Pukte y Lanim.
El ‘antes’ y ‘después’ de los baños en Pukté y Lanim construidos en 2015.

Un mejor saneamiento significa una mejor nutrición, especialmente para las niñas, niños y las mujeres. Alrededor de 315 mil niñas y niños mueren cada año a causa de diarrea ocasionada por las malas condiciones de saneamiento y el agua insalubre (WASHwatch 2016). La diarrea guarda relación con el 50% de los casos de desnutrición infantil, que puede menoscabar el desarrollo físico y mental de los niños (OMS, 2008). “Las mujeres que reciben buena nutrición corren menos peligro durante el embarazo y el alumbramiento, y traen al mundo niños más saludables,” observa la ONU.

Se calcula que la pérdida de productividad debida a enfermedades ocasionadas por la falta de saneamiento y las malas prácticas de higiene cuesta a muchos países hasta el 5% de su PIB (Hutton, 2012). Para 2014, 9.9 millones de personas no tenían acceso al agua en sus viviendas, mientras que 9.7 millones no cuenta con drenaje en México, según datos del PNUD.

Soluciones a nivel comunitario

Hay evidencia de que la solución sostenible para el acceso generalizado al saneamiento reside en la apuesta por la participación activa de las comunidades en su propio desarrollo. Cuando las comunidades son consultadas o se mobilizan para analizar el contexto de la falta de saneamiento adecuado, y se apropian del ciclo “defecación – alimentación – contaminación”, rápidamente unen esfuerzos a nivel local para solucionar el problema.

img_0875Así está pasando en Pukté y otras comunidades vecinas en el municipio de Tampamolón Corona, donde mujeres y hombres están construyendo baños secos, composteros con sus propias manos y utilizando materiales locales. Fueron las personas de las comunidades que identificaron como prioridad el acceso al saneamiento adecuado y recibieron capacitación sobre cómo construir los baños, utilizarlos y mantenerlos. El enfoque participativo ha resultado en la apropiación total del proceso y las técnicas de de construcción, en el empoderamiento personal y el desarrollo de habilidades y de potencial empleo.

Los mayores logros de este proyecto son la organización, el empoderamiento y el liderazgo comunitarios que permitieron la realización del proyecto. El proyecto es liderado por promotores y comités que incentivan la participación comunitaria. También son estas personas que dan seguimiento al proceso de manutención y utilización de los baños, lo que les permite ver los beneficios directos de la instalación de ecotecnias.

El protagonismo de las mujeres ha sido determinante en el proceso. Ellas impulsaron los baños como una prioridad y un servicio básico que beneficia a toda la comunidad para ejercicio de su derecho a salud y calidad de vida. Para las mujeres y niñas en particular el saneamiento adecuado permite el acceso a un espacio de intimidad, seguro, que aporta a la higiene menstrual y reduce el abandono escolar.

Que nadie se quede atrás, sin retretes

Un proceso participativo para las soluciones de saneamiento siempre implica retos, entre ellos requiere consulta y participación, resultando en un proceso más lento, por lo que no es fácil convencer a inversionistas que buscan soluciones rápidas.

Sin embargo, es una solución sustentable y sostenible que está logrando garantizar el saneamiento y conduciendo muchas comunidades hacia la autosuficiencia alrededor del mundo en países como México, Bangladesh y Malawi.

Garantizar el derecho a saneamiento es una parte fundamental del desarrollo y la participación de las comunidades es clave. Ahora falta que los sectores públicos y privados puedan cumplir sus compromisos en torno al agua y al saneamiento, con políticas públicas inclusivas, un manejo justo de los recursos públicos y prácticas productivas sustentables. Sólo así se cumplirá con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6 de garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todas y todos para el 2030.


Este artículo fue originalmente publicado en El Universal aquí.