Mujeres rurales: del asistencialismo al empoderamiento económico

Ensayo de Heloise Faure, voluntaria de The Hunger Project México y estudiante de la maestría de Desarrollo Económico y Cooperación Internacional en Sciences Po Toulouse

Introducción

 

socias muj ruralesEl papel de la mujer rural en el desarrollo ha resurgido como un tema importante en México, destacando su papel relevante para la economía y la soberanía alimentaria. Si bien es cierto que la mujer rural se ubica en lugares estratégicos para el desarrollo tanto al nivel de la comunidad, del estado, y a nivel nacional, siguen siendo numerosos los desafíos y desventajas derivados de su condición de mujer.

En este artículo se presentan los hallazgos de una investigación realizada en las comunidades indígenas del municipio de Tampamolón Corona que tiene como objetivo el fortalecimiento de las políticas públicas para las mujeres rurales.

Contexto de la mujer rural: “No nos atrevemos y tenemos vergüenza de hablar frente los señores.”

Las mujeres rurales se enmarcan en lo que se define como la “nueva ruralidad mexicana”. La feminización del campo es uno de los componentes de esta nueva ruralidad, acelerada por la crisis alimentaria y la migración de los hombres a la ciudad y a otros países. Sin embargo, la feminización de la agricultura no ha ido acompañada de un mejoramiento de las condiciones de vida para la población rural y sobre todo para las mujeres. Las políticas implementadas son excluyentes para el campesinado mientras la desvalorización del campo, la pobreza y la desigualdad social siguen aumentando. Estos cambios estructurales han transformado sustancialmente el papel de la mujer rural tanto en el espacio privado como en el espacio público y han reconfigurado su contribución en la unidad campesina. El número de las unidades económicas rurales conducidas por mujeres sigue creciendo.

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Alrededor de 60 socias de THP-México reflexionaron sobre ¿Qué significa ser mujer rural? durante el Círculo de Mujeres impartido por THP-México en las comunidades de Paxquid y Pukté, municipio de Tampamolón Corona, San Luis Potosí, en julio.

Para entender la importancia del papel de la mujer en el campo, es necesario considerar el abanico de tareas que realiza. Definir el “ser mujer” hoy en día, según la expresión de la antropóloga Marcela Lagarde, impone considerar varias funciones. La mujer rural tiene un carácter estratégico en el ámbito productivo y reproductivo. Su papel es relevante en la producción de bienes y todas las actividades relacionadas con el procesamiento, conservación y comercialización de los productos agrícolas. Participando cada vez más en las actividades agrícolas en la unidad de producción familiar, las mujeres son agentes de la seguridad alimentaria y por lo tanto indispensables para el desarrollo.

Además de estar a cargo de las labores del hogar que incluyen la preparación de los alimentos, el arreglo y la limpieza de la vivienda y el cuidado de los hijos pequeños (y a menudo el cuidado de adultos mayores), las mujeres son también agentes del desarrollo local. Son depositarias de una riqueza cultural construida regionalmente a lo largo del tiempo. Tienen el conocimiento ancestral basado en su relación con el entorno natural que permiten revalorizar el campo y la biodiversidad.

cata2Las tareas productivas y de cuidado  representan una carga de trabajo que no les permite disfrutar de su tiempo para descansar, para dedicar a sí mismas o para actividades de ocio. Pero las mujeres realizan este trabajo con la idea de que es parte de su responsabilidad como madre y esposa sin tener en cuenta que participan en una actividad económica que debería proporcionar ingresos de forma directa o indirecta. De este modo, permanece una invisibilidad y falta de valorización del trabajo de la mujer rural.

Otro desafío en cuanto a la situación de las mujeres rurales es su participación en el ámbito comunitario. Las limitaciones tradicionales y las construcciones sociales dificultan su participación y toma de decisión en las reuniones comunitarias. Esta situación parece haberse traducido en autocensura. “No nos atrevemos y tenemos vergüenza de hablar frente los señores” comentó Florencia, una mujer indígena en la comunidad de Paxquid durante uno de los círculos de reflexión organizados por THP-México.

Productividad y políticas públicas: ellas producen alimentos pero siguen fuera de la mira de los programas productivos

En los talleres y grupos focales que realizamos, las mujeres también notaron que no se integraban de manera equitativa al sistema productivo. Sufren de exclusión en los mercados laborales y en puestos similares, sus salarios son inferiores a los de los hombres. Además, tienen una limitada participación en la capacitación técnica y bajo acceso a nuevas tecnologías. Pero lo más discriminante queda la falta de acceso a los recursos naturales y particularmente a la tierra. La mayor parte del tiempo, las mujeres solo tienen derecho de uso, es decir el derecho de utilizar la tierra para la producción de cultivos pero no tienen derechos de control ni de transferencia. Gran parte de los programas destinados al campo requieren que la persona solicitante demuestre un título de propiedad. Esto impide el acceso a los programas por la mayoría de las mujeres. El derecho escrito no prevé derechos independientes para la mujer y cuando lo hace, no existen mecanismos para imponer su cumplimiento. El marco jurídico favorece los derechos de los hombres en detrimento de las mujeres que se ven discriminadas por los mecanismos formales de la economía y la falta de activos que le sirven de garantía.

A estos desafíos se añaden las debilidades de los programas diseñados. Una gran parte de estos programas de apoyo no llegan a las comunidades y el enfoque de género es casi ausente de las políticas públicas rurales. Aunque hay programas dirigidos a las mujeres rurales, estos programas no reconocen el trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres y las múltiples barreras sociales, económicas y culturales que impiden que la mujer tenga acceso a los mismos recursos.

A la vez, hay un reto en el acceso a los programas de apoyo a la agricultura. En las comunidades, las mujeres señalaron que había una duplicación de los programas y que no se entregaban los recursos necesarios. Por un lado, los programas federales y los que están implementados a nivel estatal son los mismos, por consiguiente, pierden de su efectividad al tratar las mismas problemáticas y dejar de lado otros ámbitos que podrían ser mejorados. La duplicación de los programas también ilustra la incoherencia de las políticas públicas. Por otra parte, estas políticas tienen un enfoque asistencialista y los recursos que están entregando son en su gran mayoría recursos financieros que no permiten generar los cambios necesarios a largo plazo. El apoyo con fondos públicos es necesario pero no es suficiente. Las mujeres necesitan por ejemplo acceso a la educación y a tecnología para mejorar sus capacidades productivas, tal como empleos dignos y los ingresos necesarios para garantizar su bienestar. Es urgente que las políticas públicas promuevan el liderazgo y el empoderamiento de las mujeres rurales.

Los proyectos de las mujeres son considerados marginales por las propias instituciones lo que termina asignándoles un papel limitado a la esfera doméstica, sin permitirles desarrollar su potencial productivo. Las mujeres campesinas señalaron que son siempre los mismos productores que terminan recibiendo los apoyos, o sea, las mujeres no tienen voz en el diseño de las políticas políticas por lo que terminan siendo discriminadas y sus actividades consideradas como marginales a la hora de distribuir los presupuestos. Asimismo, no se realizan evaluaciones de impacto de los programas lo que impide ver su alcance.

Del asistencialismo al empoderamiento económico

productoraHace falta cambiar el paradigma asistencialista de los programas y reconocer a las mujeres también como productoras activas. Desde este punto de vista, cabe valorar el trabajo de la mujer rural y demostrarlo en las estadísticas nacionales. Los marcos legales de acceso a los recursos también tienen que ser revisados y hay que desarrollar mecanismos de crédito y financiamiento adecuados a la situación de las mujeres rurales.

El verdadero desarrollo debe buscar nuevos principios y nuevas relaciones entre las personas y las comunidades para poder modificar las actitudes y las prácticas que perpetúan la desigualdad de género. Es necesario cambiar los roles de género proponiendo medidas encaminadas a satisfacer sus necesidades prácticas y fortalecer su campo de acción. Así pues, hay que emprender un cambio estructural en el equilibrio del poder entre hombres y mujeres. Las políticas deben promover el empoderamiento de las mujeres rurales y permitirles reconocerse como sujetas sociales con derechos y cómo protagonistas en sus vidas y en las de sus familias y comunidades.

        La incorporación de la igualdad de género en los programas productivos tiene que ser percibida como una oportunidad más que nunca; las mujeres rurales se han convertido en las protagonistas de las economías rurales y son clave en el desarrollo. Por lo tanto, se deben rediseñar las políticas públicas de productividad para que tengan una perspectiva de género y una mirada sociocultural. Para lograr esto, es fundamental fortalecer la participación de las mujeres rurales en el diseño, implementación y monitoreo de estas políticas.