Historia de Margarita Ruiz, Chiapas

Mi nombre es Margarita, soy una joven tzotztil, tengo 19 años, vivo en la comunidad de Bayalemó en San Andrés Larráinzar Chiapas. Mi esposo se llama Mariano, tiene 23 años y también es de mi comunidad; tenemos un hijo: Luis de casi año y medio.

Soy Catalizadora de THP en Chiapas y voy a contarles algo de mi historia.

Recuerdo que desde niña me preguntaba ¿por qué los hombres trabajan?, ¿por qué son ellos los que deciden lo importante?, ¿por qué siempre han de tener la razón y una mujer casi no?

Durante muchos años en mi hogar mi padre tenía problemas con mi mamá por no escucharla, por no considerar su opinión tan importante como la de cualquier otro hombre. En ese entonces, hasta llegué a pensar que era mejor que no hubiera nacido, no traía nada bueno ser mujer. Desear la muerte es lo peor que puedes hacer por que la vida es lo más hermoso que puedes tener, puedes respirar, ver, sentir, disfrutar. Cuando te quieres a ti misma no solo disfrutas si es un día especial, disfrutas la vida todos los días como si fuera el último.

Esto con el tiempo fue cambiando, paso a paso (ta’ kun kun como se dice en tztosil) se fue el dolor y tantas lagrimas. Hay una frase que siempre me repito: – “hay que vivir el presente, lo que es ahora”- eso lo aprendí en un libro de poemas, esta frase me hizo sentir algo muy profundo.

Saber leer fue lo que me abrió las puertas hasta donde estoy ahora, leyendo libros fue como comencé a preguntarme ¿cómo logra llegar una mujer hasta aquí?

Un día escuche que hay lugares en que capacitaban a mujeres, al escuchar de esa posibilidad no puedo describir las ganas que me dieron para estar ahí,  ni se lo imaginan, tenia tan solo 10 años. Pensé que por mi edad tal vez no me iban a aceptar pero gracias a mi esfuerzo estuve en ese taller.

Esa experiencia confrontó todo lo que sabía hasta ese momento, aparte de eso  me moría del miedo y la pena, no podía hablar pues no sabía español, mi aprendizaje fue que aunque no pude expresar lo que quería, siempre supe dentro de mí que tenía las respuestas y que era verdad que una mujer es capaz de todo lo que se proponga al igual que un hombre.

Así comencé, a veces faltaba a clases para ir a talleres y poder aprender, logré convencer a mi padre – quien se negaba a que yo hiciera esto de los talleres- hablándole entre sueños, cuándo él ya estaba casi dormido. Recuerdo que una vez lo desperté para  rogarle que no me sacara en la escuela, por que ya estaba en la secundaria y quería seguir estudiando.

En mi comunidad se acostumbra que las jóvenes nos casemos al salir de la primaria para poder formar pronto una familia.

Me casé finalmente tiempo después por que en mi cultura no se nos permite tener novios, esto es una falta de respeto a las familias, así que cuando ya no pudimos seguir en secreto mi actual y esposo y yo nos casamos según lo acordado por ambas familias.

Desde novios Mariano y hablábamos de la importancia de la mujer, él siempre ha sido comprensivo y amable; aprendió a respetar mis opiniones. Yo le explico que las mujeres también podemos hacer cosas importantes, opinar y trabajar por el bien de otras, de nostras mismas.

Ha pasado el tiempo y tenemos ya un hijo, es un niño precioso, es mi luz, nuestra esperanza.